La Curiosidad

March 13, 2019

 

Generalmente las historias que nos conmueven son aquellas que rompen nuestros esquemas, que nos muestran lo que no está bien, lo que debería de ser cambiado, para dejarnos un mundo mejor y más justo. En definitiva, historias que denuncian.

 

En cierta manera, a pesar de que esta idea nació de manera natural, por mero el placer de dejar constancia de ciertos momentos que veía memorables, desde el primer segundo, la motivación era mostrar  los roles sociales en la familia, movida también hacia la búsqueda de contrastes, de estereotipos, e influencias.

 

 

Me explicaré mejor:

 

Todos sabemos que en cada sociedad y cada cultura, hay diferencias, entre otras, socioeconómicas, de estatus, por etnias, tribus urbanas y roles, que nos definen sin querer o queriendo dentro de nuestros pequeños diversos grupos sociales. Uno de los más influyentes es la familia, en la cual, también a través de la repartición de roles, nos va determinando en los primeros años de identidad personal y social. En la familia hay roles difícilmente cuestionables: el padre, la madre, la hermana,… difícilmente intercambiarán identidad, y suponen un punto de referencia para los más pequeños.

 

A pesar del rol en cierta manera impuesto, la familia, además,  nos concede una sensación de pertenencia, de seguridad y un amor incondicional necesarios para el buen equilibrio emocional de un individuo. Algunas veces, por desgracia, esto no funciona correctamente. Pero lo que está claro, es que estos valores básicos de familia se repiten en diversas culturas y rara vez se estructuran de manera diferente. El factor de la cultura a la cual pertenezca ese núcleo familiar, es un principio de modelación fundamental, que marca esas diferencias por encima de todos los valores básicos mencionados anteriormente.

 

Después, cada individuo forma y forja una personalidad gracias a los aprendizajes y experiencias que reciban tanto del exterior como del interior del núcleo familiar, sumado a factores genéticos. Esas personalidades asentadas reflejan valores que influencian a otros individuos, sobretodo de personalidad más vulnerable y maleable. Hasta que llegan los cuestionamientos más profundos y críticos ante lo que y ante de lo que creemos establecido.

Un niño nace, cual tabula rasa, de cero, preparándose poco a poco para entender todo lo que se encuentre por en su camino. Su cuestionamiento sobre las cosas irá marcado, además de por la edad, por la satisfacción que le den las respuestas que reciba y esa satisfacción la encontrará sobretodo en sus ejemplos a seguir, su referencia: el núcleo familiar. A la edad de tres años, su contacto social es limitado pero fundamental.

¿Qué quiero exponer con todo ello? Lo siguiente:

 

Hace unos meses, escuchaba cómo un niño de tres años gritaba: Gay a cada hombre que veía en la televisión. Deduje que no sabría muy bien qué significaba, o quien le habrá explicado que es un motivo de señalización, quién le dijo que era una característica a tener en cuenta como diferenciación entre unos u otros, o si simplemente le gustaba la palabra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Luego, cómo es lógico, preguntó “por qué hay gente de color negro?”, y luego preguntó trescientas cosas más.Cosas de la edad. Aprendiendo a identificarse y a diferenciar. Sin ningún trasfondo.

 

La respuesta que pueda recibir a cada una de sus preguntas, va a estar marcada por la personalidad y valores que tengan los individuos que le llevan de la mano durante los primeros pasos hacia la integración social.

Son las nuevas generaciones las que pueden aprender a entender el mundo de una manera diferente y abierta. Así que el cuestionamiento sobre lo que está bien o mal no es más que un primer paso, posiblemente en falso.

Un niño de edad tan temprana,  no entiende de diferenciación más que para entender su entorno y construirse su YO. Es la fase de egocentrismo en su desarrollo psicológico.

 

 

 

 

La importancia de dejar que descubran el mundo sin prejuicios y con estabilidad emocional. Cualquier cosa que quiera ser, es posible y respetable siempre y cuando no perjudique  la integridad de otra persona. El valor más básico que podemos enseñarle a un infante: respeto tanto por el entorno como para consigo mismo.

 

Tan sencillo como que lo único que importa es dejarle ser, y que se experimente a sí mismo en contacto con el resto.

 

Tan bonito como experimentar con él y ser partícipe de sus alegrías.

 

Tan bonito como darle la mano, caminar a su lado, enseñarle a volar,  hasta que pueda hacerlo solo.

 

Y aquí os muestro una serie de fotografías:

 

La vida de un niño de 3 años, dentro del núcleo familiar, entendiéndose y entendiendo su entorno.

 

Frágil,

vulnerable,

maleable,

tierno,

alegre,

feliz.

 

La protección y el dejarle explorar.

 

 

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